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Escrito por Emilia Carbó

La revista comienza con un artículo sobre los carteles cinematográficos y como poco a poco los ordenadores han ido sustituyendo a los ilustradores, generando así, una creatividad estanca, tanto, que pocos son los carteles que no se pueden agrupar según ciertas características semejantes.

Sin embargo, no solo en este aspecto, sino que poco a poco, con la aparición de las nuevas tecnologías, los diferentes ejercicios profesionales de nuestra sociedad se han ido sumando a las TICS hasta concluir, seguramente, en un momento en el cual una cosa realizada a mano, artesanal, será no más que una pieza de coleccionista pero ¿por qué pasará esto si realmente apreciamos aquello que mayor trabajo conlleva? En primer lugar aclarar, que no se pretende transmitir aquí que una caratula de película hecha a ordenador no cueste trabajo o que este haya de ser infravalorado, no, para nada, pero si queremos tratar de transmitir la idea de que aquello que nace de nuestras manos directamente, que no pasa por una impresora antes de estar finalizado, que no se ha formado con los números binarios que componen un rojo sino que el autor ha mezclado varios lápices, acuarelas, etc. Con sus manos o que simplemente el trazo que aparece ha sido realizado a mano alzada, supone más dificultad, sobre todo, más tiempo y dedicación y es aquí donde radica la respuesta a la pregunta que hemos mencionado unas líneas antes.

El sistema social establecido hoy en día, donde las cosas se encargan para ayer, donde la paciencia por conseguir beneficios parece casi nula, es lo que ha impulsado a las empresas a informatizarse lo más rápido posible de modo que se puedan realizar los trabajos en el menor tiempo, y así, poder acaparar más, pero desde luego de una forma más impersonal, sin tiempo para encariñarse con la obra.

No obstante, ciertas empresas, como una americana dedicada a la distribución cinematográfica, es decir, unos cines, apuestan por abrir nuevos negocios basados ciertamente en esto, en realizar, como en este ejemplo hacen, carteles de cine completamente a mano de los cuales después solo se reproducen unos cuantos y que por tanto acaban convirtiéndose en un objeto deseado. Estos carteles, de los cuales comienza hablando la revista, se agotan en unos cuantos minutos una vez se han sacado a la venta y hay directores de cine que piden expresamente este tipo de carteles.

¿Es por ello esto una muestra de que lo artesanal se echa en fatal? Es decir, ¿el buen funcionamiento de estas empresas debería hacernos plantear el volver a la artesanía en algunas profesiones? ¿Echa de menos la gente en general poder admirar un trabajo a mano sin que por ello haya de pagar un dineral? Lo cierto es que a esto podemos contestar de dos maneras.

La primera es que quizás este fenómeno esté impulsado por aquellos que, como mis padres, han vivido una era prácticamente nada informatizada, una sociedad en donde todo aquello artísticamente hablando provenía del trabajo de unas manos sobre el papel y donde este trabajo bien realizado era muy alagado. Es por ello por lo que quizás estos ansíen reencontrarse con su pasado, con aquello que han vivido, como si resquicios de sus otros tiempos se tratase, es decir, como vía de escape, como forma de recordar, de revalorizar, aquello que en un principio ,más propio a ellos es.

Sin embargo, esta argumentación deja entrever un futuro a mi parecer pesimista, en el cual, cuando se dé un cambio generacional, el interés por lo artesanal se va a acabar perdiendo dado que la siguiente generación ya nació prácticamente informatizada y para ellos algo artesanal no es más que un atisbo de algo antiguo, de algo que no ha evolucionado pero ¿esto es así?

De aquí pues se desarrolla la otra respuesta, una respuesta que pasa por una admiración a las capacidades artísticas de las personas, es decir, donde se aprecia el trabajo que no todo el mundo por destreza puede realizar y donde se alaba la capacidad de algo más que clicar sobre un ratón, es decir, donde se alaba la originalidad, aquello que se sale un poco de lo habitual y lo habitual es ahora lo informatizado.

Tras esta reflexión, cabría analizar, en qué modo afecta esto a la publicidad, es decir, en qué modo, lo tradicional y las nuevas tecnologías se aplican al mundo publicitario.

Es cierto y nadie lo puede negar que las nuevas tecnologías están más que presentes en el día a día de aquellos que se dedican a la comunicación, desde mandar un correo a un periodista para citar a los medios para una rueda de prensa, hasta montar un spot, pasa por las nuevas tecnologías pero esto, por comodidad.

Así pues, el mayor fenómeno en cuanto a publicidad e informática sobre el que podemos versar son las redes sociales, redes sociales sobre las cuales hay millares de información y estudios para saber entender cuál es la mejor manera de tratarlas desde la comunicación de marcas y es por ello por lo que la mayoría de artículos de esta revista van dirigidos a tratar asuntos de publicidad on-line.

De este modo, como dice Toni Segarra en la entrevista que le realizan ‘’nos pueden gustar o no pero lo cierto es que las redes sociales e internet están más presentes que nunca en nuestra profesión’’ y por ello tratar de comprenderlas y trabajarlas no es más que casi una obligación pero ¿llegará un momento en que la gente se cansará de internet? ¿Llegará un momento en que las relaciones directas, lo que podríamos considerar tradicional vuelva a ser lo más cotizado por los consumidores? En definitiva, ¿puede ser que al igual que la distribuidora cinematográfica que hablábamos, una agencia publicitaria tenga tirón dedicándose a hacer publicidad a la vieja usanza, realizando piezas de coleccionista en vez de meras campañas que acaban siendo repetitivas?

Quizás debiéramos planteárnoslo aquellos que en unos años estaremos en el mundo profesional de este sector. Quizás es esto lo que al menos a mí, trata de transmitirme de forma escondida esta revista y que es al fin y al cabo una llamada de socorro. En definitiva, no permitamos que aquello que nos abre los ojos por admiración se pierda.