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Escrito por Isabel de Salas.

Recientemente el profesor Quintanilla dio una conferencia en la sede de nuestra Universidad CEU Cardenal Herrera bajo el título “Empresas y personas: Hacia el cambio y la gestión del cambio” organizado junto por MC Mutual.

Lo primero que hay que resaltar de su intervención es la amenidad de su discurso, cargado de anécdotas simpáticas que hacen que la atención no decaiga.

Quintanilla mostró los datos que le permiten hablar de Pymelandia. España es un país de pequeña y mediana empresa, gracias a las cuales se genera el bienestar económico y social. Las empresas las componen personas y ellas son las responsables de conseguir ese bienestar social y colectivo. Pero estamos en un ciclo económico de grandes dificultades para estas PYMES y aunque pensemos que no hay mal que cien años dure, necesitamos ser conscientes de que el cambio es inevitable. Sabemos que el mundo es cada vez más complejo e inestable. Por lo que hay que preguntarse hacia dónde va ese cambio y cómo gestionarlo.

En definitiva, gestionar los modos de cambio con el fin de afrontar los retos de un futuro mejor, con mejores entornos saludables, tanto en lo psicosocial como en lo socioeconómico.

Quintanilla propone como ingredientes del cambio eficiente el ingenio, la creatividad y la innovación. A ellos habría que añadir la virtualidad, la sociedad en red, la globalidad, y la instantaneidad del conocimiento. ¡¡¡los siete aspectos clave sobre los que trabajar!!! Y ya no son enanitos, sino grandes temas que definen una época en la historia.

Pero todos ellos envueltos en el motor que genera las actitudes: los valores. Quintanilla habló de “valores frente a valores: ¡esa es la cuestión!” Efectivamente, estamos en la era del homo consummator definido por el profesor como la persona que se manifiesta públicamente a través del consumo y que adquiere la mayor parte de su papel, ante sí mismo y ante los demás, a través de un complejo entramado de interrelaciones psicológicas, sociales y económicas cuya máxima expresión es el mercado.

Los valores, la ética y la conducta van al unísono desde tiempo inmemorial, y si algo hemos aprendido de los pensadores del pasado es que en cada momento es preciso imaginar cosas distintas para avanzar. Imaginación, intuición, confianza, entusiasmo, curiosidad, capacidad crítica, empatía, flexibilidad, libertad… todos ellos son los facilitadores que forman parte de la actitud para enfrentarnos a ese cambio preciso para salir de la crisis.

Pero también debemos saber que habrá que eliminar las conductas  que se generaron en una etapa previa a la crisis donde el despilfarro, la opulencia, el desperdicio, el individualismo y la competitividad fueron las acciones sobresalientes. Y también habrá que combatir todas las barreras que frenan el cambio, como son el miedo, la sumisión, la apatía los estereotipos, la antipatía, la especialización, la superficialidad, la indecisión y el excesivo racionalismo. Y todo ello para poder obtener eficiencia, austeridad, coordinación, cooperación y competencia.

Finalmente, Quintanilla concluyó que el siglo XXI o será ético o no será. Por ello no debemos  olvidar que lo ético es el futuro.