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Escrito por Ana Cano Barroso.

Leyendo el artículo de Emilio Pila, online director en CHEIL,  Verdades a medias, publicado en la revista Interactive, obtengo varias ideas de interés.

La esencia de la publicidad es mandar mensajes de un contenido específico, a un público concreto, que nos revela inconscientemente sus necesidades, y nosotros como publicitarios interpretamos estas necesidades, y en función de ellas elaboramos el mensaje.

La publicidad siempre tiende a la perfección,  ya que queremos ser lo más eficientes posibles para fidelizar a nuestro cliente, ¿pero cómo hacerlo?

El autor del artículo afirma que esta perfección ocurre en el papel, pero casi nunca en la práctica, la publicidad se encuentra entre dos verdades: la verdad de aquello que vendemos con la verdad de a quien se lo vendemos.

El ejemplo que utiliza Pila,  nos resulta esclarecedor: la publicidad para la fregona. ¿Habrá producto más feo y más útil? Lo cierto es que nadie compra una fregona por su forma, ni su tamaño, sino que su función es que nos permite limpiar el suelo sin agacharnos, ésta es la clave. ¿Y quién no ha tenido en sus manos una fregona?

El autor hace hincapié en la creatividad, pero sin pasarse, puesto que no deja de ser una fregona, y si nos pasamos con la creatividad, puede llevar al engaño, como dice el Director online de Cheil, se pierde la esencia y se cuentan medias verdades.

En ocasiones, se transforma tanto un producto en publicidad, que se acaba comunicando un mensaje que describe unas cualidades que el producto no tiene, por tanto, se genera desconfianza y rechazo de la sociedad hacia la publicidad, el trabajo de los publicitarios es controlar estos casos, impedir que ocurran, ya que se trata de persuadir y no de mentir. Los principios de veracidad y autenticidad deben brillar como los suelos tras un buen fregonazo.