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Escrito por Irene Castillo.
El consumidor, junto con la publicidad, ha ido evolucionando. La llegada del panorama digital ha
provocado un cambio drástico en la relación de los consumidores con las marcas, actualmente el
consumidor ya no es un individuo que sólo recibe los impactos publicitarios, si no que ahora, se
tiene acceso a infinidad de información para así poder consultar antes de tomar decisión de
compra y además produce y consume contenidos; es un pro-consumer.
Por esto, las marcas han tenido que ir evolucionando con este nuevo consumidor, estudiando su
psicología, sociología, mejorando el valor que ofrecen, sus características y calidad, su
comunicación, y por supuesto y muy importante, considerando las opiniones de los individuos.
Como afirma Javier Piedrahita, director de MarketingDirecto.com, desde hace años el sector de la
publicidad sufre un la crisis de sentido y confianza; según una encuesta de la Sociedad para la
Investigación del Consumo (GFK) los publicitarios son considerados, junto a vendedores de seguros
y políticos, se encuentran en los últimos puestos del ranking sobre la consideración de distintas
profesiones.
Un ejemplo de ello, es la organización Foodwatch (Observatorio de la Alimentación), que acaba de
entregar el premio ‘Burbuja de Aire de Oro 2014′, un galardón concedido por los consumidores,
nada más y nada menos, a las mayores mentiras publicitarias. Entre las más “afortunadas”
destacan: El ‘alimento para beber’ de Alete (Nestlé); un alimento líquido para bebés desde 10
meses y que fomenta la caries, la sobrealimentación y que los pediatras piden su retirada, o la
sopa de pollo de Knorr: sin carne de pollo. Por otra parte, y ahora en boca de todos, encontramos
al gigante Apple, quien hace unas semanas presentó el nuevo iPhone 6 Plus, con el terrible error
de que al tenerlo cierto tiempo en el bolsillo del pantalón, se acaba doblando.
Y es que como afirmó David Ogilvy hace 40 años: “Los buenos productos se pueden vender vía
publicidad honesta. Si no está convencido de la calidad de un producto, no debe anunciarlo.” Una
máxima que quizá, todos los profesionales del sector publicitario y de la comunicación deberían
tener presente, ya que así el consumo y la publicidad para las marcas volvería a gustar,
aumentando la confianza por parte del consumidor en las marcas y por consiguiente, la buena
consideración de los publicitarios.